Alebrijes, seres fantásticos que cobran vida gracias a las manos y el alma de nuestros artesanos.


Escrito: Darío Fimbres,

Fotografía: Darío Fimbres.

Gracias al auspicio del Museo de Arte Popular y con la organización de Alberto Becerril y su equipo de colaboradores y voluntarios de todas las edades, el pasado sábado 20 de Octubre se llevó a cabo el 6to. Desfile de Alebrijes Monumentales en la Ciudad de México. Este año el tema fue los animales en peligro de extinción y contó con la participación de 300 figuras inscritas y 212 desfilando durante el evento. Los seres fantásticos emprendieron su marcha desde el Zócalo capitalino, habiendo esperado toda la noche para hacer su mágica aparición a lo largo de las calles 5 de Mayo y Av. Juárez hasta posicionarse a los costados del Paseo de la Reforma, entre la Diana Cazadora y el Ángel de la Independencia.

Dibujando sonrisas y rostros sorprendidos en muchos niños, jóvenes, adultos y abuelos el desfile fue toda una experiencia y en algunos casos evocó gratos recuerdos – aunque para algunos automovilistas y uno que otro motociclista intransigente, el agrado no fue el mismo. Al final, gracias al apoyo de algunos miembros de Protección Civil, agentes de tránsito y vialidad, así como

representantes de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal y varios voluntarios de todas las edades, los coloridos alebrijes pudieron llegar a su destino para ser admirados.

Los alebrijes son seres fantásticos usualmente tallados a mano de forma artesanal en madera de copal y se presume que se empezaron a crear en el pueblo de San Pedro Arrazola, Oaxaca. Sin embargo, desde el año de 1936 el artesano Pedro Linares López – originario de la Ciudad de México – los ha traído a la vida y al gusto de todos los Mexicanos y de infinidad de visitantes extranjeros. Linares López utilizó la cartonería como su técnica creativa básica, la cual él ya venía desarrollando cuando creaba judas y piñatas con su familia en el Mercado de la Merced.

La organización del desfile es original en cuanto a sus dimensiones. La movilización de grupos de participantes, comparsas, artistas plásticos, espectadores y de los alebrijes mismos lleva una anticipada preparación y logística – desde la invitación para participar cada año, hasta la premiación el mismo día del desfile son muchísimas horas de pasión, trabajo en conjunto y esfuerzo físico depositados para llegar al día del concurso. El entusiasmo por el evento hace que el cansancio físico no se sienta durante 24 o 48 horas por parte de los participantes, iniciando desde su llegada al Zócalo hasta la salida al majestuoso desfile.

Los artesanos y participantes amateurs deben reunirse con poco más de 12 horas de antelación alrededor de la plancha del Zócalo para asignarles su lugar en el desfile; las plataformas son armadas al mismo tiempo para aquellos artesanos quienes con tiempo las solicitaron y los alebrijes monumentales van llegando poco a poco, varios de pronto, luego hay calma nuevamente y así a lo largo de la noche anterior desde las 10:00 p.m. hasta las casi 12:00 hrs. del mediodía en que se lleva a cabo el evento. Algunos participantes simplemente descargan sus impresionantes creaciones ya armadas desde los transportes, otros acercan las piezas y los van ensamblando como enormes rompecabezas, pero al final los alebrijes de formas caprichosas montados sobre sus plataformas se imponen en el silencio de la noche, llenándola de color con sus expresiones variadas y una cascada de imaginación como parte de su piel y de su esencia, ocupando cada uno su lugar en las filas. Formados como un gran ejército listo y en bloque, están dispuestos a invadir las mentes de quienes los admirarán al día siguiente, esperando pacientemente durante la noche, la madrugada y parte de la mañana.

Para su acomodo, normalmente se ocupan 3 de los carriles en donde regularmente transitan vehículos particulares, taxis y microbuses, disponiendo en un orden determinado a los alebrijes monumentales. En esta ocasión fueron 4 filas de fondo para acomodar a los seres fantásticos, haciendo de esta una de las ediciones más concurridas en su historia.

En cuanto los alebrijes empiezan a ocupar los alrededores del Zócalo, algunos curiosos trasnochados se acercan, preguntan e interactúan con los seres fantásticos y sus creadores. Mucha gente les toma fotos, observando atentamente no sólo el proceso de ensamblado sino también de los detalles, los símbolos y las historias que componen a cada una de las quiméricas figuras ya presentes. Después del desfile concursantes, voluntarios e invitados, se encaminaron al Museo de Arte Popular ubicado en Revillagigedo 11 Esq. Independencia en el Centro Histórico de la Ciudad de México, para llevar a cabo la premiación y disfrutar de un cocktail para cerrar el evento. La algarabía terminó alrededor de las 9:00 pm del mismo sábado.

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